El presidente de Azul Azul, reparte su contundente agenda entre la presidencia del equipo de sus amores, su cargo de pro rector, vicerrector económico y profesor de la Universidad del Desarrollo de la cual también es socio fundador y su numerosa familia.

Si bien cuando niño nunca imaginó que sería el primer presidente la concesionaria administradora del club del fútbol Universidad de Chile, Azul Azul, Federico Valdés Lafontaine tenía claro que seguiría al equipo de manera irrestricta. Y pese a que a este ingeniero civil industrial le gusta planificar y estudiar cada paso que da, se ha acostumbrado a los desafíos. “Ya no descarto nada”, afirmó, resumiendo sus planes a futuro.
Pero no siempre las posibilidades que contemplaba fueron tantas en su vida. Un solo colegio -Alianza Francesa- para la preparatoria y enseñanza media y un mismo equipo de fútbol, marcaron su infancia.
A su egreso, un viaje de intercambio a Estados Unidos por seis meses amplió su visión de mundo y reforzó sus metas. “Postulé a una sola carrera, en un mismo lugar: ingeniería civil industrial en la Universidad de Chile. Mi papá fue el encargado de hacer la postulación en mi ausencia y si él se equivocaba no tendría otra oportunidad, pero todo resultó bien “, contó.
Si bien comenzó a trabajar mientras era estudiante universitario, su opción en la vida era única. “Nunca fui empleado. Mi papá trabajó muchos años en una papelera y quería mucho lo que hacía y en la mitad de la crisis lo despidieron. En ese momento tomé la decisión de que jamás me iba a emplear aunque pasara la incertidumbre del empresario, es decir, no saber si te va a ir bien o mal”, aseguró. “Años después me di cuenta que quedar sin trabajo era parte de las reglas del juego, pero en ese momento me golpeó mucho”.
Familia
 EMPRENDIMIENTO. “Cuando supimos que la candidatura de Joaquín Lavín a diputado no había resultado, decidimos partir en Concepción con la Universidad del Desarrollo. Eso fue en abril del año 1990”, recordó.
Hijo y nieto de dos hombres con el mismo nombre, Federico Valdés siempre quiso continuar la tradición. Es así como al primer varón de sus hijos también es su homónimo.
En 1986 se casó con Constanza Donoso y a lo largo de sus 23 años de matrimonio han tenido a diez hijos, cinco mujeres y cinco hombres, cuyas edades van desde los 22 años a los 6 años.
Por esa fecha también comenzó a trabajar con su padre. “Hicimos una sociedad (Feval) y tuvimos muchos negocios como las concesiones del Terminal de Buses de Santiago, de unos estacionamientos en Pudahuel, del Club Providencia, del estadio San Carlos de Apoquindo que conservamos hasta el día de hoy”, contó. Actualmente su progenitor, de 75 años, se hace cargo del negocio familiar.
Valdés Lafontaine, tras cumplir el pasado 10 de agosto 50 años, ante una posible ampliación de su descendencia, aseguró: “nunca imaginé que tendría tantos hijos, pero creo que es un buen número”.
Trabajador
 TRABAJOLICO. “Nunca he tenido problemas para hacer jornadas largas, levantarme muy temprano, acostarme tarde”, aseguró.
En segundo año de la universidad comenzó a generar su propio dinero. “Lo que pasa es que volví de Estados Unidos con la idea de repetir lo que me había tocado ver, que es que los alumnos de enseñanza media se hacían cargo de sus gastos muy temprano y aunque en Chile era más difícil, me pareció que tenía el deber de hacerlo también”, explicó.
Es así como empezó haciendo clases particulares, luego en un preuniversitario, al que luego sumó otro más simultáneamente. Incluso se daba el tiempo para hacer traducciones técnicas de inglés, entre otras iniciativas.
Un verano (luego del tercer año de universidad) “tuve práctica de vacaciones en una constructora, desarrollando un sistema de control del avance de obras. Al final del período me preguntaron si quería seguir en eso, pero part time, manejando mis tiempos, y acepté”, recordó. Pese a que nunca firmó un contrato, fue su primer trabajo más formal.
“Tiempo después dejaron de pagarme como tres meses y cuando fui a reclamar la constructora había quebrado. De esas cosas se aprende en la vida”, aseveró.
El espíritu líder siempre estuvo presente en su vida y comenzó a desarrollarlo también en su época de estudiante. “Fui presidente del centro de alumnos de ingeniería en cuarto año de la carrera. Después dirigí un preuniversitario que tenía la federación de centros de alumnos de la Universidad de Chile”, comentó.
¿Cómo compatibiliza todo? “De la misma forma que lo hago ahora, tenía días muy largos e intensos. Es que cuando uno hace muchas cosas se acostumbra al ritmo y se hace más eficiente y no pierde el tiempo en cosas accesorias”. Agregó que “nunca he tenido problemas para hacer jornadas largas, levantarme muy temprano, acostarme tarde, si hay que trabajar un sábado o domingo lo hacía y al final me alcanzaba el tiempo”.
Emprendimiento

Su incursión en la educación sentó las bases para dos de sus principales emprendimientos, ya que con un grupo de egresados de la Universidad de Chile creó el preuniversitario Cepech (1985) y luego, con otro conjunto de socios, formaron la Universidad del Desarrollo.
El año 1989 conoció a sus actuales socios en la casa de estudios superiores, es decir, Joaquín Lavín, Ernesto Silva, Cristián Larroulet y Carlos Alberto Délano.
“Joaquín Lavín era candidato a diputado por Las Condes y un día lo llamé por teléfono, le dije que estaba dispuesto a trabajar por él voluntariamente y a eso dediqué casi un año. Finalmente nos fue mal, pero en ese tiempo en más de una oportunidad surgió la idea de crear una universidad privada”, rememoró.
Dos semanas después de saber que la candidatura había fracasado, el grupo se volvió a reunir, esta vez para dar curso a su proyecto de enseñanza. “A la tercera reunión decidimos partir en Concepción con la Universidad del Desarrollo. Eso fue en abril del año 1990”, dijo.
Actualmente la casa de estudios está por cumplir 20 años de funcionamiento, de los cuales los últimos diez ha mantenido operaciones tanto en su ciudad de origen como en Santiago. Hoy Valdés es pro rector, vicerrector económico y profesor de la casa de estudios.
No satisfecho con toda la carga laboral y sus conocimientos, en 2003 hizo un master en business en la universidad de Standford, Estados Unidos. “Apareció la oportunidad y partí con mi señora y mis diez hijos”, dijo.
Y es que “descanso poco, de hecho la inactividad me agobia un poco”.
Aunque considera que “es indispensable planificar, tener una hoja de ruta y tratar de seguirla, a veces en la mitad de un mar calmo se levanta un oleaje inesperado y hay que estar dispuesto y alerta para cambiar las tormentas”.
“Con volver la universidad a los 44 años ya salí de lo que se hace normalmente, así es que ahora no descarto nada. Pensándolo bien, creo que volvería a estudiar, quizás algo con letras para cultivar el intelecto”, consideró.
Azul Azul
 Federico Valdés, con la camiseta de su equipo de fútbol, el día de la apertura a la bolsa de Azul Azul.
Sergio Weinstein, uno de los socios principales de Laboratorios Andrómaco y su amigo de infancia, ha sido siempre su compañero inseparable a la hora de asistir al estadio a apoyar al equipo de sus amores.
“Fuimos compañeros en el colegio, luego en la universidad y en algún momento, hace unos tres años, me dijo que lo habían contactado de Larraín Vial para aportar capital para la licitación de la U que estaba en quiebra. El monto era casi simbólico, pero luego decidimos poner más -a medias- para poder elegir un director”. Pese a que en un comienzo no le pareció atractiva la idea, fue parte de la primera mesa y tras eso, los desafíos se continuaron.
El temor a la reacción de la barra brava, a la carga laboral que implicaría y la exposición mediática eran los principales disuasivos para que nadie quisiera tomar el cargo de presidente de Azul Azul. “Yo era uno de ellos, pero un día me hicieron una encerrona entre León Vial y Carlos Alberto Délano y me dieron diez razones por las cuales creían que yo era la persona indicada. Al final me pareció que tenían razón en algunas de las cosas y si hay una constante en mi vida era el amor por la U y restarme en ese tiempo no cuadraba con lo que había predicado todo el tiempo y acepté”.
Pese a que pensaba a que sería por un período corto, tras los dos primeros años fue reelecto. “Dos más tres son cinco y creo que es más que suficiente”, bromeó.
|